Ramificando pensares
se perfila otra noche
el humo asciende
y amarra paisajes hostiles.
Pintaste un atajo, o dos
pero no torciste la inercia
llueve tu alma huraña
entre mieles y fantasías.
No sé si esperarte
no sé si provocar tu cielo
ciertamente hoy es otro día
desafiante, azaroso, distante.
miércoles, 27 de julio de 2011
martes, 21 de junio de 2011
Lápiz, otoño
Algo no vibra bien, puedo captarlo
entre absurdos y ansias
pensamientos que ondean
relativizando puntos cardinales.
Claustro otoñal, de verdores esquivos
yo me quedo vulnerable aquí
y un rayo de sol acaricia
el silencio de mis pasos descalzos.
El viento silba entre los árboles
la ciudad se aferra a su inercia
errante transita mi húmedo pensar
entre atajos y metáforas torpes.
entre absurdos y ansias
pensamientos que ondean
relativizando puntos cardinales.
Claustro otoñal, de verdores esquivos
yo me quedo vulnerable aquí
y un rayo de sol acaricia
el silencio de mis pasos descalzos.
El viento silba entre los árboles
la ciudad se aferra a su inercia
errante transita mi húmedo pensar
entre atajos y metáforas torpes.
jueves, 16 de junio de 2011
En espiral
Desvanece otra espera
te busco entre lágrimas secas
aguardando que aquel viento
esparza todas las hojas.
Desvanece otra utopía
deslizándose en sutil espiral
desprendidos de días y horas
escribimos de esquinas y lunas.
Desvanece una quimera
fuiste orquídea del tiempo
ahora debemos retomar certezas
y pasar a retiro al delirio.
Hasta anestesiar la locura
para adormecer ansias y vuelos
quizás sea el antídoto,
el recurso más próximo.
te busco entre lágrimas secas
aguardando que aquel viento
esparza todas las hojas.
Desvanece otra utopía
deslizándose en sutil espiral
desprendidos de días y horas
escribimos de esquinas y lunas.
Desvanece una quimera
fuiste orquídea del tiempo
ahora debemos retomar certezas
y pasar a retiro al delirio.
Hasta anestesiar la locura
para adormecer ansias y vuelos
quizás sea el antídoto,
el recurso más próximo.
miércoles, 1 de junio de 2011
En el espejo
Va cayendo este día mudo
en su rastro, una estela rojiza y dorada
mi mirada se pierde rayana
este trance ha sido hostil
aunque no menos que la indiferencia.
Las palabras ya suenan vacías
fue no desprenderse de aquella luna
las angustias de no poder, de no ser
destiñeron canciones, acaso era así
siguen siendo rumbos paralelos.
La sed nos movilizó hacia allá
otras aguas ahora nos dividen
entre ecos de euforias ya lejanas
ya es tiempo de rearmar este viaje
yo guardaré estas hojas en algún cajón.
en su rastro, una estela rojiza y dorada
mi mirada se pierde rayana
este trance ha sido hostil
aunque no menos que la indiferencia.
Las palabras ya suenan vacías
fue no desprenderse de aquella luna
las angustias de no poder, de no ser
destiñeron canciones, acaso era así
siguen siendo rumbos paralelos.
La sed nos movilizó hacia allá
otras aguas ahora nos dividen
entre ecos de euforias ya lejanas
ya es tiempo de rearmar este viaje
yo guardaré estas hojas en algún cajón.
martes, 24 de mayo de 2011
de Tiza
No quiero buscarte
ciertamente este tiempo
es ajeno y me traspasa
puedo salir tras tu rostro
pero enmudecieron mis ansias.
De todas maneras
puedo captar aquel designio
¿qué hacer entonces?
¿abrazar el dolor?
¿empuñar la rebeldía?.
Ondulándose a lo lejos
las delicias de melancolía
no se si es pánico
no se si es que no resisto.
No quiero buscarte
... sé que te encontraré.
ciertamente este tiempo
es ajeno y me traspasa
puedo salir tras tu rostro
pero enmudecieron mis ansias.
De todas maneras
puedo captar aquel designio
¿qué hacer entonces?
¿abrazar el dolor?
¿empuñar la rebeldía?.
Ondulándose a lo lejos
las delicias de melancolía
no se si es pánico
no se si es que no resisto.
No quiero buscarte
... sé que te encontraré.
viernes, 20 de mayo de 2011
Eternidad en la finitud
Un sonido en esta brisa
precipita este desahogo,
en un barco de papel
tomo nota de este otoño
y cuento mi dicha al cielo.
Siempre es una melodía
ya sabés, te pienso
este camino es cierto
mi alma no puede callarlo
yo sé, permanecés
eternidad en la finitud.
precipita este desahogo,
en un barco de papel
tomo nota de este otoño
y cuento mi dicha al cielo.
Siempre es una melodía
ya sabés, te pienso
este camino es cierto
mi alma no puede callarlo
yo sé, permanecés
eternidad en la finitud.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Ciega sed
La sed ciega, ceñida de azul
moviliza estas letras
en mares revueltos
donde surca este sentir.
Horizonte, estación próxima
contemplo tus nubes
besos tus rincones rosados
acaricio tus palabras.
Remendar delirios olvidados
quiero salir de viaje lejano
un refugio calmo y presuroso
somos prófugos noctámbulos.
moviliza estas letras
en mares revueltos
donde surca este sentir.
Horizonte, estación próxima
contemplo tus nubes
besos tus rincones rosados
acaricio tus palabras.
Remendar delirios olvidados
quiero salir de viaje lejano
un refugio calmo y presuroso
somos prófugos noctámbulos.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Tu halo es
Permanecés allí
sosteniendo los pasos
un beso suave bajo el sol
soltás tu canción cada día
silenciosa, prendes un instante
trascendiendo cada invierno
navegando los veranos
en medio de la vida, echamos raíces
alimentando utopías, limpiando sales
entre senderos imprecisos
custodiando el verdor del existir
atesorando una plegaria primitiva
pero no hay nada cerrado
el viento me sopla tu nombre.
sosteniendo los pasos
un beso suave bajo el sol
soltás tu canción cada día
silenciosa, prendes un instante
trascendiendo cada invierno
navegando los veranos
en medio de la vida, echamos raíces
alimentando utopías, limpiando sales
entre senderos imprecisos
custodiando el verdor del existir
atesorando una plegaria primitiva
pero no hay nada cerrado
el viento me sopla tu nombre.
martes, 3 de mayo de 2011
Tangencial
Sequedad, no un manantial
te espero en el jardín prometido
a medias, ya se desliza el otoño
acaso sea todo un absurdo
sobre el umbral de una hoja amarilla
viendo golondrinas en la lejanía
el cielo se me vuelve aplastante
quimeras que no traspasaron mis días
las leo y solo tiemblo al escarbar
solo resta dormir estas letras
que el silencio acaricie los pliegues
hasta que tu sonrisa se vuelva extraña.
te espero en el jardín prometido
a medias, ya se desliza el otoño
acaso sea todo un absurdo
sobre el umbral de una hoja amarilla
viendo golondrinas en la lejanía
el cielo se me vuelve aplastante
quimeras que no traspasaron mis días
las leo y solo tiemblo al escarbar
solo resta dormir estas letras
que el silencio acaricie los pliegues
hasta que tu sonrisa se vuelva extraña.
domingo, 1 de mayo de 2011
Ernesto Sábato: Un pesimista que llega a la esperanza después del dolor
entrevista publicada por Diario Clarín
Ernesto Sabato acaba de publicar sus memorias. Es el primer libro suyo que aparece en décadas. En un diálogo exclusivo con Clarín, Sabato dijo que llegó a la decisión de terminarlo luego de la muerte de su hijo Jorge.
Ernesto Sabato está ahora solo en la casa de Santo Lugares. Allí vivió durante décadas con su mujer, Matilde, que murió este año. La casa tiene un jardín muy frondoso. Al final de un sendero, entre árboles y plantas, la la casa apenas se ve. Sabato y Matilde construyeron allí, a lo largo de los años, un ambiente confortable, poblado de estanterías blancas con libros, muy iluminado. También hay árboles en el fondo, al que se asoma el estudio donde Sabato pinta sus cuadros.Antes del fin, el testamento del escritor, es el primer libro nuevo que publica en mucho tiempo. El recorrido empieza en la lejana infancia y en la adolescencia, en la encrucijada que se le presentó cuando era una promesa de la ciencia, escenarios ya conocidos porque sobre ellos habló en muchas entrevistas. No obstante, en este caso, tienen el sabor de la reflexión sobre lo hecho. Y el de un manual sobre sus ideas de aquellos tiempos y de hoy. Pero el gesto de recopilar sus pensamientos es -o parece- una apuesta por el futuro. Lo confirmará a lo largo del diálogo que mantuvo con Clarín, el único medio escrito para el que decidió hablar sobre este trabajo suyo.
-¿Cómo se decidió a escribir este libro?
-Siempre fui muy resistente a escribir lo que habitualmente se denominan memorias, en primer lugar y fundamentalmente porque soy un desmemoriado. Cuando empecé el Colegio Nacional de la Universidad de La Plata, ya era para mí una dura y en cierto modo triste angustia, que se revelaba en los exámenes de historia y geografía. Un caso grotesco fue cuando en un examen escrito debía contestar sobre Catalina de Medicis y lo hice sobre María. Pero algo más grave que mi falta de memoria me impidió seguir adelante con este libro, y fue el creciente espanto que me produce la sociedad en la que vivimos y la desolación con la que temblé por años pensando en el futuro de la humanidad. Paradójicamente, la muerte de mi hijo Jorge me llevó a una necesidad visceral del sentido de la vida absoluta. Y el dolor me entreabrió la esperanza.
El libro no es crónica de sucesos sino un cuaderno de pensamiento de un único protagonista, Sabato. Y él lo hizo como negándose a terminarlo, no por miedo a que con él termine su vida sino porque -confiesa en las Palabras preliminares- no sabe si merece la confianza que -le dijeron- los jóvenes tienen en su palabra: Tengo graves defectos que ellos no conocen, se justifica. De todos modos, esta cruza de memorias, diario y reflexiones finales, salió.
sábado, 30 de abril de 2011
Borges, el eterno
Entrevista realizada en Buenos Aires, en 1983. por Julio César Calistro
Diez años. Como si tratara de uno más de los mágicos laberintos por él trazados, este es el tiempo que la entrevista ha permanecido sin publicar. He decidido respetar su texto tal como un día lo escribí, y evitar correcciones que, seguramente, distorsionarían el sentimiento que me causó entonces.
Aún hoy, al releer sus palabras, escucho su voz gastada y descreo que ya no esté. Como él a Buenos Aires, lo juzgo tan eterno, como el viento, como el aire.
Sábado al mediodía. En un amplio living en penumbras, acomodado en un amplio sillón, la mirada perdida en un cielorraso invisible, se encuentra Jorge Luis Borges.
Desde hace un tiempo a esta parte, rehuye a las entrevistas. Fanny, su ama de llaves, responde por teléfono que no hay reportajes para nadie. En este caso, la perseverancia finalmente da sus frutos. La excepción obedece a que el propio escritor atendió el llamado telefónico y un bueno, venga para acá, hará posible que una hora después iniciemos este diálogo.
Entre ambos existe una relación surgida a raíz de una entrevista tres años atrás, a la que siguieron otros encuentros en los que, a pedido suyo, le he servido de algo así como una especie de libro oral a través de la lectura en voz alta, de fragmentos de obras diversas.
Una relación que dista de ser amistad, pero que él rápidamente ha puesto por encima del simple vínculo personaje-periodista, quizás gracias a las muchas caminatas compartidas por la Plaza San Martín, paseos en los que hemos abordado temas muy variados, desde Aristóteles y Platón hasta el lugar de nacimiento del segundo fundador de Buenos Aires, Juan de Garay (¿vizcaíno o burgalés?).
Debo confesar que además de admirarlo como escritor, no he podido evitar quedar fascinado con su habilidad para involucrarme en el laberinto de sus charlas. He llegado a pensar que cuando se le da la posibilidad oral, escribe en el aire y se divierte. Habla y la respiración de su palabra tiene el ritmo de la escritura. Sin duda, Borges es siempre Borges...
- Borges, ¿cómo escapar de lo obvio?
-Yo no sé si lo obvio es siempre un error..., lo obvio es algo cierto, el perogrullo es algo cierto.
- De acuerdo. Vayamos a lo obvio, de momento. ¿Qué espera de Borges?
- No sé. Mi destino sigue siendo un misterio. Estoy ciego, la mayoría de mis contemporáneos han muerto; soy un hombre tímido y desde el año 55 ya no puedo leer, tengo que recitar cosas que se me ocurren... ¡Yo no sé cómo no aprendí el sistema braille! Eso habría cambiado toda mi vida. Si yo pudiera lee, pudiera escribir..., pero ahora es demasiado tarde, ni siquiera tengo la sensibilidad suficiente en los dedos. ¡Si, hubiera cambiado toda mi vida...!
- Hoy es siempre todavía, al decir de Machado.
- Tal vez... Yo he pensado que cuando era chico, un día duraba una semana y ahora una semana dura un día. A medida que uno envejece pasa con más rapidez el tiempo.
- Toda su vida ha sido un rebelde, ¿por qué?
- Bueno, cuando era joven, sí. Me gustaba estar en desacuerdo. Ahora, no. Trato de estas de acuerdo. Chesterton dijo que se había pasado la vida comprobando que los otros tenían razón. A mí me ha pasado lo mismo.
- ¿Y de qué se arrepiente?
- Bueno, de muchas cosas...O no, para qué...Pero me hubiera gustado hacer otras cosas...
Diez años. Como si tratara de uno más de los mágicos laberintos por él trazados, este es el tiempo que la entrevista ha permanecido sin publicar. He decidido respetar su texto tal como un día lo escribí, y evitar correcciones que, seguramente, distorsionarían el sentimiento que me causó entonces.
Aún hoy, al releer sus palabras, escucho su voz gastada y descreo que ya no esté. Como él a Buenos Aires, lo juzgo tan eterno, como el viento, como el aire.
Sábado al mediodía. En un amplio living en penumbras, acomodado en un amplio sillón, la mirada perdida en un cielorraso invisible, se encuentra Jorge Luis Borges.
Desde hace un tiempo a esta parte, rehuye a las entrevistas. Fanny, su ama de llaves, responde por teléfono que no hay reportajes para nadie. En este caso, la perseverancia finalmente da sus frutos. La excepción obedece a que el propio escritor atendió el llamado telefónico y un bueno, venga para acá, hará posible que una hora después iniciemos este diálogo.
Entre ambos existe una relación surgida a raíz de una entrevista tres años atrás, a la que siguieron otros encuentros en los que, a pedido suyo, le he servido de algo así como una especie de libro oral a través de la lectura en voz alta, de fragmentos de obras diversas.
Una relación que dista de ser amistad, pero que él rápidamente ha puesto por encima del simple vínculo personaje-periodista, quizás gracias a las muchas caminatas compartidas por la Plaza San Martín, paseos en los que hemos abordado temas muy variados, desde Aristóteles y Platón hasta el lugar de nacimiento del segundo fundador de Buenos Aires, Juan de Garay (¿vizcaíno o burgalés?).
Debo confesar que además de admirarlo como escritor, no he podido evitar quedar fascinado con su habilidad para involucrarme en el laberinto de sus charlas. He llegado a pensar que cuando se le da la posibilidad oral, escribe en el aire y se divierte. Habla y la respiración de su palabra tiene el ritmo de la escritura. Sin duda, Borges es siempre Borges...
- Borges, ¿cómo escapar de lo obvio?
-Yo no sé si lo obvio es siempre un error..., lo obvio es algo cierto, el perogrullo es algo cierto.
- De acuerdo. Vayamos a lo obvio, de momento. ¿Qué espera de Borges?
- No sé. Mi destino sigue siendo un misterio. Estoy ciego, la mayoría de mis contemporáneos han muerto; soy un hombre tímido y desde el año 55 ya no puedo leer, tengo que recitar cosas que se me ocurren... ¡Yo no sé cómo no aprendí el sistema braille! Eso habría cambiado toda mi vida. Si yo pudiera lee, pudiera escribir..., pero ahora es demasiado tarde, ni siquiera tengo la sensibilidad suficiente en los dedos. ¡Si, hubiera cambiado toda mi vida...!
- Hoy es siempre todavía, al decir de Machado.
- Tal vez... Yo he pensado que cuando era chico, un día duraba una semana y ahora una semana dura un día. A medida que uno envejece pasa con más rapidez el tiempo.
- Toda su vida ha sido un rebelde, ¿por qué?
- Bueno, cuando era joven, sí. Me gustaba estar en desacuerdo. Ahora, no. Trato de estas de acuerdo. Chesterton dijo que se había pasado la vida comprobando que los otros tenían razón. A mí me ha pasado lo mismo.
- ¿Y de qué se arrepiente?
- Bueno, de muchas cosas...O no, para qué...Pero me hubiera gustado hacer otras cosas...
martes, 26 de abril de 2011
Aires
Quedé esperándote, sí
perfumaste mis ansias más recónditas
pero cuando te hiciste próxima
no aterrizaste en esta tierra
y yo no trepé hasta tu nube.
En conclusión,
con el atardecer de las palabras
vi caer el sueño disipando luces
removiendo anhelos y adrenalinas
quizás el viento aleje estas horas.
perfumaste mis ansias más recónditas
pero cuando te hiciste próxima
no aterrizaste en esta tierra
y yo no trepé hasta tu nube.
En conclusión,
con el atardecer de las palabras
vi caer el sueño disipando luces
removiendo anhelos y adrenalinas
quizás el viento aleje estas horas.
miércoles, 13 de abril de 2011
Borges: "Nuestro deber es la verosímil esperanza"
Palabras de Borges tomadas de una entrevista con Carlos Ares para El País, 3 de noviembre de 1985.
Yo descreí de la democracia durante mucho tiempo pero el pueblo argentino se ha encargado de demostrarme que estaba equivocado. En 1976, cuando los militares dieron el golpe de Estado, yo pensé: al fin vamos a tener un Gobierno de caballeros. Pero ellos mismos me hicieron cambiar de opinión aunque tarde en tener noticias de los desaparecidos, los crímenes y las atrocidades que cometieron. Un día vinieron a mi casa las madres de Plaza de Mayo a contarme lo que pasaba. Hace poco estuve en el juicio y conocí al fiscal, allí recordé la frase de Almafuerte: "sólo pide justicia, pero será mejor que no pidas nada". Todo esto es muy triste y habría que tratar de olvidarlo. El olvido también es una forma de venganza. Fue un periodo diabólico y hay que tratar de que pertenezca al pasado. Sin embargo, por todo lo que ocurre ahora pienso que hay mucha gente que siente nostalgia por ese pasado. Claro que a mi me resulta fácil decir que debemos olvidar, probablemente si tuviera hijos y hubieran sido secuestrados no pensaría así.
Yo fui comunista, socialista, conservador y ahora soy anarquista. Es decir, yo en el año dieciocho creí en la revolución rusa. Ahora veo que ese es un modo de llegar al imperialismo. Me observo y me veo como a un hombre que cree estar enamorado de una mujer y luego comprueba que ya no lo está. Eso no ha sido una decisión mía. Ha sido algo que me fue revelado. He comprobado eso en mi. Ahora yo querría que hubiera un sólo Estado, que desaparecieran las diversas naciones, pero sé que no estamos maduros para eso. Hay, en este país, algunas circunstancias favorables que se han dado aquí y no en otras repúblicas del continente. Desearía preguntarme por qué no han sido aprovechadas. Tenemos una fuerte clase media, también es ventajosa la inmigración de muchos países. Creo que el nacionalismo es nuestro mal mayor. No considero a Latinoamérica como núcleo generador de nada y no creo que exista nadie que se considere latinoamericano y sienta eso como algo diferenciador. Ser de un país es una actitud de fe. Yo nunca pienso que soy mexicano. ¿Por qué habría de pensarlo, si en realidad soy argentino? Pero nosotros, los argentinos, insistimos en un nacionalismo y en un latinoamericanismo que es absurdo. Hay pocos países que tengan más próceres y aniversarios que el nuestro.
Por suerte no es tan excesiva la carga de pasado. Nietzsche quería que hubiera buenos europeos y quizá nosotros, los americanos, podemos serlo. Desde luego estoy seguro que no somos aborígenes. De la violencia actual tienen la culpa las dos grandes guerras europeas. De lo contrario, Europa podría mantener la hegemonía del mundo. Ahora estamos entre dos países que fomentan la violencia, Estados Unidos y la Unión Soviética.
Soy un hombre que se sabe incapaz de ofrecer sus soluciones, pero creo poder aceptar las de otros. No entiendo de política, mi vida personal no ha sido otra cosa que una serie de errores. Pero estoy condenado a ello. He tratado de ser un hombre ético, aunque quizá sea imposible serlo en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, ya que todos somos cómplices o víctimas, o ambas cosas. Sin embargo, creo en la ética. La ética puede salvarnos personalmente y colectivamente también. Yo, como usted, seguramente, estoy en un estado de resignada desesperación. No veo solución a los problemas que nos aquejan. Y no me refiero sólo a nuestro país, porque lo que aquí sucede es, sin duda, menos importante que lo que ocurre en el mundo entero. Creo que Spengler tenía razón cuando habló de la declinación de Occidente. Esa declinación es general.
Recuerdo que yo estaba en Madison, Wisconsin, hace dos años. Era la noche de Halloween, de las brujas y todos iban disfrazados o con máscaras a la fiesta. Yo estaba invitado a una y me compré una cabeza de lobo que tenía un olor horrible. Entré a la reunión aullando y gritando: homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. En ese momento siento un tirón en el brazo: era un argentino que me decía "ha ganado Alfonsín". Se había producido el doble milagro, el de ese triunfo y el de que yo me disfrazara. Me sentí muy bien entonces porque habíamos salido de una pesadilla y la confianza de todos era lo que podía salvarnos. Ahora nuestro deber es la esperanza, la probable, la verosímil esperanza.
Yo descreí de la democracia durante mucho tiempo pero el pueblo argentino se ha encargado de demostrarme que estaba equivocado. En 1976, cuando los militares dieron el golpe de Estado, yo pensé: al fin vamos a tener un Gobierno de caballeros. Pero ellos mismos me hicieron cambiar de opinión aunque tarde en tener noticias de los desaparecidos, los crímenes y las atrocidades que cometieron. Un día vinieron a mi casa las madres de Plaza de Mayo a contarme lo que pasaba. Hace poco estuve en el juicio y conocí al fiscal, allí recordé la frase de Almafuerte: "sólo pide justicia, pero será mejor que no pidas nada". Todo esto es muy triste y habría que tratar de olvidarlo. El olvido también es una forma de venganza. Fue un periodo diabólico y hay que tratar de que pertenezca al pasado. Sin embargo, por todo lo que ocurre ahora pienso que hay mucha gente que siente nostalgia por ese pasado. Claro que a mi me resulta fácil decir que debemos olvidar, probablemente si tuviera hijos y hubieran sido secuestrados no pensaría así.
Yo fui comunista, socialista, conservador y ahora soy anarquista. Es decir, yo en el año dieciocho creí en la revolución rusa. Ahora veo que ese es un modo de llegar al imperialismo. Me observo y me veo como a un hombre que cree estar enamorado de una mujer y luego comprueba que ya no lo está. Eso no ha sido una decisión mía. Ha sido algo que me fue revelado. He comprobado eso en mi. Ahora yo querría que hubiera un sólo Estado, que desaparecieran las diversas naciones, pero sé que no estamos maduros para eso. Hay, en este país, algunas circunstancias favorables que se han dado aquí y no en otras repúblicas del continente. Desearía preguntarme por qué no han sido aprovechadas. Tenemos una fuerte clase media, también es ventajosa la inmigración de muchos países. Creo que el nacionalismo es nuestro mal mayor. No considero a Latinoamérica como núcleo generador de nada y no creo que exista nadie que se considere latinoamericano y sienta eso como algo diferenciador. Ser de un país es una actitud de fe. Yo nunca pienso que soy mexicano. ¿Por qué habría de pensarlo, si en realidad soy argentino? Pero nosotros, los argentinos, insistimos en un nacionalismo y en un latinoamericanismo que es absurdo. Hay pocos países que tengan más próceres y aniversarios que el nuestro.
Por suerte no es tan excesiva la carga de pasado. Nietzsche quería que hubiera buenos europeos y quizá nosotros, los americanos, podemos serlo. Desde luego estoy seguro que no somos aborígenes. De la violencia actual tienen la culpa las dos grandes guerras europeas. De lo contrario, Europa podría mantener la hegemonía del mundo. Ahora estamos entre dos países que fomentan la violencia, Estados Unidos y la Unión Soviética.
Soy un hombre que se sabe incapaz de ofrecer sus soluciones, pero creo poder aceptar las de otros. No entiendo de política, mi vida personal no ha sido otra cosa que una serie de errores. Pero estoy condenado a ello. He tratado de ser un hombre ético, aunque quizá sea imposible serlo en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, ya que todos somos cómplices o víctimas, o ambas cosas. Sin embargo, creo en la ética. La ética puede salvarnos personalmente y colectivamente también. Yo, como usted, seguramente, estoy en un estado de resignada desesperación. No veo solución a los problemas que nos aquejan. Y no me refiero sólo a nuestro país, porque lo que aquí sucede es, sin duda, menos importante que lo que ocurre en el mundo entero. Creo que Spengler tenía razón cuando habló de la declinación de Occidente. Esa declinación es general.
Recuerdo que yo estaba en Madison, Wisconsin, hace dos años. Era la noche de Halloween, de las brujas y todos iban disfrazados o con máscaras a la fiesta. Yo estaba invitado a una y me compré una cabeza de lobo que tenía un olor horrible. Entré a la reunión aullando y gritando: homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. En ese momento siento un tirón en el brazo: era un argentino que me decía "ha ganado Alfonsín". Se había producido el doble milagro, el de ese triunfo y el de que yo me disfrazara. Me sentí muy bien entonces porque habíamos salido de una pesadilla y la confianza de todos era lo que podía salvarnos. Ahora nuestro deber es la esperanza, la probable, la verosímil esperanza.
martes, 12 de abril de 2011
Hacer final
El suelo ese que pisás
ciertamente es tu conquista
pero puede estremecerse
apenas estacionés tu andar
o apagués las alertas.
La eternidad es una libélula
se tiñe de oscuridad y es amenecer,
se cierne con vértigo y se ciñe de primavera
desafiá horizontes dorados
seguí vertiendo tus sueños al aire.
ciertamente es tu conquista
pero puede estremecerse
apenas estacionés tu andar
o apagués las alertas.
La eternidad es una libélula
se tiñe de oscuridad y es amenecer,
se cierne con vértigo y se ciñe de primavera
desafiá horizontes dorados
seguí vertiendo tus sueños al aire.
jueves, 7 de abril de 2011
Soneto XXVII
Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
tienes líneas de luna, caminos de manzana,
desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
desnuda eres enorme y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
tienes líneas de luna, caminos de manzana,
desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
desnuda eres enorme y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
Pablo Neruda (1959)
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