En medio del aire que se respiraba en el país en 1980, Liliana Heker decidió armar un libro de entrevistas sobre la vida y la muerte. El proyecto llegó a imprenta pero, por un desfalco del editor, nunca a las librerías. Más de veinte años después, Heker amplió el original y acaba de publicar el extraordinario volumen Diálogos sobre la vida y la muerte, en el que incluye la siguiente entrevista a Jorge Luis Borges. A punto de cumplir ochenta años, Borges se explayó no sólo sobre Dios, el suicidio de Jesús, la belleza del budismo, la vida secreta de las plantas y el verdadero motivo de su aversión a los espejos, sino también acerca de los recuerdos y las muertes en su familia, la vejez, la esperanza que le despertaba morir y la frustración que preveía en su sueño de inmortalidad
- ¿Qué le sugiere la palabra muerte?
– ¿La palabra muerte? Me sugiere... una gran esperanza. La esperanza de dejar de ser. Yo estoy seguro, como mi padre, de morir cuerpo y alma. A veces, me siento un poco desdichado –a todos nos pasa–; sobre todo un hombre que está solo, que está ciego, que tiene desde luego algunos preciosos amigos, pero no muchos, un hombre tímido como yo; a veces me siento triste. Peor me consuelo pensando: sí, es cuestión de esperar. Voy a morir y voy a cesar, y qué más puedo querer que eso, qué cosa más grata puede haber que la muerte, que se parece tanto al sueño que es quizá lo más grato de la vida. Es decir, yo descreo en la inmortalidad pero eso no es una fuente de tristeza para mí sino de felicidad: pensar que voy a cesar. Mi padre también estaba seguro de la mortalidad del alma. Él me dijo: “Es posible que cuando yo esté enfermo, para hacerle un gusto a tu madre –que era católica– llamaré a un sacerdote y diré algunas mentiras piadosas. Pero no me creas. Vos sabés que yo no creo en esas cosas. Precisamente porque no creo en la fe católica puedo decir que creo en ella; porque no la tomo en serio”. Sí. Pero otra vez mi padre me dijo (mi padre era profesor de psicología): “Es tan raro el mundo que todo es posible; hasta la Santísima Trinidad”. Como si hubiera dicho que todo es posible; hasta el unicornio, ¿no? Bueno, aquí estoy defraudándola a usted, seguramente.
lunes, 21 de noviembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Ángel celeste
Sin avisar,
empacaste tus dulces
y te sumergiste en sueños.
Del otro lado,
silencios y una estela
demarcando tus horas.
Sin avisar,
trepaste hasta el sol
entre terciopelos y acuarelas.
Mi niño pequeñito
sé que baila ya tu alma
sé que alado nos abrazas.
empacaste tus dulces
y te sumergiste en sueños.
Del otro lado,
silencios y una estela
demarcando tus horas.
Sin avisar,
trepaste hasta el sol
entre terciopelos y acuarelas.
Mi niño pequeñito
sé que baila ya tu alma
sé que alado nos abrazas.
martes, 15 de noviembre de 2011
Sunset Theatre
Looking at a red sun
painting the sky so incredible
without words in my hands
falling down with this day.
So, I'm sitting here
waiting for the end of this love
there is nothing left to melt
free like the wind, everything I am.
painting the sky so incredible
without words in my hands
falling down with this day.
So, I'm sitting here
waiting for the end of this love
there is nothing left to melt
free like the wind, everything I am.
lunes, 14 de noviembre de 2011
Ausencia
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
escrito por Jorge Luis Borges
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
escrito por Jorge Luis Borges
domingo, 13 de noviembre de 2011
Poema XX
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"
escrito por Pablo Neruda
martes, 8 de noviembre de 2011
de Barro
Quemé las hojas
lejos de palabras imprecisas
te miro desde aquí
huérfano de quimeras
senda inherte, y un vano humo
sin más respuestas
pintándote apenas
vivificando cada episodio
acaso, ya un absurdo
solo sueños periféricos.
lejos de palabras imprecisas
te miro desde aquí
huérfano de quimeras
senda inherte, y un vano humo
sin más respuestas
pintándote apenas
vivificando cada episodio
acaso, ya un absurdo
solo sueños periféricos.
martes, 4 de octubre de 2011
Agostos
Hoy desenvaino este pesar
esgrimo las palabras más mías
esparciendo agostos y hojas
floreciendo un sol de papel
sigo sin entender o callo tu espera
germinan otras certezas.
Una agonía estancada
tus huellas en mi guitarra
y un aguijón certero, tal vez
que penetra este corazón
se filtran rayos de luna
vacío, te llevaste mis días.
No sé...
esgrimo las palabras más mías
esparciendo agostos y hojas
floreciendo un sol de papel
sigo sin entender o callo tu espera
germinan otras certezas.
Una agonía estancada
tus huellas en mi guitarra
y un aguijón certero, tal vez
que penetra este corazón
se filtran rayos de luna
vacío, te llevaste mis días.
No sé...
lunes, 29 de agosto de 2011
La canción desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
(escrito por Pablo Neruda, año 1924)
miércoles, 24 de agosto de 2011
No más
No me queda más que tu nombre
letras multicolores en el viento
vos, lejana en los días
pero cercana en mi añoranza.
No me quedan más que preguntas
tejiendo redes, anémico de certezas
vencido por la inercia voy
a tientas, te llamo buscándote.
letras multicolores en el viento
vos, lejana en los días
pero cercana en mi añoranza.
No me quedan más que preguntas
tejiendo redes, anémico de certezas
vencido por la inercia voy
a tientas, te llamo buscándote.
jueves, 11 de agosto de 2011
Miel
Tu sonrisa lunar, despojada
estrella de miel, delicada
gotas de cuarto menguante
se filtran por la ventana
y rocían tu desnudez
prófugos de las horas
en un puerto incierto
entre vestigios de palabras
y delicias de este amor.
estrella de miel, delicada
gotas de cuarto menguante
se filtran por la ventana
y rocían tu desnudez
prófugos de las horas
en un puerto incierto
entre vestigios de palabras
y delicias de este amor.
miércoles, 27 de julio de 2011
Hojas amarillas
Ramificando pensares
se perfila otra noche
el humo asciende
y amarra paisajes hostiles.
Pintaste un atajo, o dos
pero no torciste la inercia
llueve tu alma huraña
entre mieles y fantasías.
No sé si esperarte
no sé si provocar tu cielo
ciertamente hoy es otro día
desafiante, azaroso, distante.
se perfila otra noche
el humo asciende
y amarra paisajes hostiles.
Pintaste un atajo, o dos
pero no torciste la inercia
llueve tu alma huraña
entre mieles y fantasías.
No sé si esperarte
no sé si provocar tu cielo
ciertamente hoy es otro día
desafiante, azaroso, distante.
martes, 21 de junio de 2011
Lápiz, otoño
Algo no vibra bien, puedo captarlo
entre absurdos y ansias
pensamientos que ondean
relativizando puntos cardinales.
Claustro otoñal, de verdores esquivos
yo me quedo vulnerable aquí
y un rayo de sol acaricia
el silencio de mis pasos descalzos.
El viento silba entre los árboles
la ciudad se aferra a su inercia
errante transita mi húmedo pensar
entre atajos y metáforas torpes.
entre absurdos y ansias
pensamientos que ondean
relativizando puntos cardinales.
Claustro otoñal, de verdores esquivos
yo me quedo vulnerable aquí
y un rayo de sol acaricia
el silencio de mis pasos descalzos.
El viento silba entre los árboles
la ciudad se aferra a su inercia
errante transita mi húmedo pensar
entre atajos y metáforas torpes.
jueves, 16 de junio de 2011
En espiral
Desvanece otra espera
te busco entre lágrimas secas
aguardando que aquel viento
esparza todas las hojas.
Desvanece otra utopía
deslizándose en sutil espiral
desprendidos de días y horas
escribimos de esquinas y lunas.
Desvanece una quimera
fuiste orquídea del tiempo
ahora debemos retomar certezas
y pasar a retiro al delirio.
Hasta anestesiar la locura
para adormecer ansias y vuelos
quizás sea el antídoto,
el recurso más próximo.
te busco entre lágrimas secas
aguardando que aquel viento
esparza todas las hojas.
Desvanece otra utopía
deslizándose en sutil espiral
desprendidos de días y horas
escribimos de esquinas y lunas.
Desvanece una quimera
fuiste orquídea del tiempo
ahora debemos retomar certezas
y pasar a retiro al delirio.
Hasta anestesiar la locura
para adormecer ansias y vuelos
quizás sea el antídoto,
el recurso más próximo.
miércoles, 1 de junio de 2011
En el espejo
Va cayendo este día mudo
en su rastro, una estela rojiza y dorada
mi mirada se pierde rayana
este trance ha sido hostil
aunque no menos que la indiferencia.
Las palabras ya suenan vacías
fue no desprenderse de aquella luna
las angustias de no poder, de no ser
destiñeron canciones, acaso era así
siguen siendo rumbos paralelos.
La sed nos movilizó hacia allá
otras aguas ahora nos dividen
entre ecos de euforias ya lejanas
ya es tiempo de rearmar este viaje
yo guardaré estas hojas en algún cajón.
en su rastro, una estela rojiza y dorada
mi mirada se pierde rayana
este trance ha sido hostil
aunque no menos que la indiferencia.
Las palabras ya suenan vacías
fue no desprenderse de aquella luna
las angustias de no poder, de no ser
destiñeron canciones, acaso era así
siguen siendo rumbos paralelos.
La sed nos movilizó hacia allá
otras aguas ahora nos dividen
entre ecos de euforias ya lejanas
ya es tiempo de rearmar este viaje
yo guardaré estas hojas en algún cajón.
martes, 24 de mayo de 2011
de Tiza
No quiero buscarte
ciertamente este tiempo
es ajeno y me traspasa
puedo salir tras tu rostro
pero enmudecieron mis ansias.
De todas maneras
puedo captar aquel designio
¿qué hacer entonces?
¿abrazar el dolor?
¿empuñar la rebeldía?.
Ondulándose a lo lejos
las delicias de melancolía
no se si es pánico
no se si es que no resisto.
No quiero buscarte
... sé que te encontraré.
ciertamente este tiempo
es ajeno y me traspasa
puedo salir tras tu rostro
pero enmudecieron mis ansias.
De todas maneras
puedo captar aquel designio
¿qué hacer entonces?
¿abrazar el dolor?
¿empuñar la rebeldía?.
Ondulándose a lo lejos
las delicias de melancolía
no se si es pánico
no se si es que no resisto.
No quiero buscarte
... sé que te encontraré.
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